Una vida de trabajo, amor y buen humor

Henrique José Pérez Pérez nació el 4 de enero de 1943 en Caracas, Venezuela. Fue el cuarto hijo del distinguido Ingeniero Civil, José Henrique Pérez Pérez, y la talentosa artista, Carlota Pérez Arenas. Tuvo tres hermanas mayores: Carlota, María y Graciela. Su hermano menor, Simón, nació el año siguiente.

En su juventud, era muy activo y audaz, siempre retándose a si mismo hasta alcanzar los retos más exigentes: trepar los árboles más altos, cruzar un río saltando de piedra en piedra, bajar en patines las laderas más empinadas o subirse en los techos. En una ocasión pisó un enjambre de abejas en la parte inferior de un techo y tuvo que saltar desde un segundo piso, saliendo ileso excepto por las picadas que lo mantuvieron hinchado durante varios días.

Fue un estudiante brillante, amó las matemáticas y las ciencias y trabajó muy duro entre carreras, aventuras y juegos. Se coronó campeón de trompo y metras; practicó beisbol, futbol y atletismo, con éxito en los tres. También practicaba todo tipo de juegos de mesa, desde el ajedrez (en el cual su padre era campeón) hasta el scrabble, que era el favorito de su madre, además de Ludo y damas chinas con los niños. Nunca tuvo un momento de aburrimiento.

Su educación temprana se movió con la familia: Caracas, Buenos Aires, Nueva York y Trinidad. Después de terminar el bachillerato (con calificaciones superiores) en Trinidad, fue a la Universidad de Sheffield en Inglaterra, a estudiar Ingeniería Civil, siguiendo las huellas de su padre.

Su trabajo como ingeniero comenzó con una propuesta para el control de inundaciones en el Delta del Orinoco. Poco después comenzó a trabajar en la Represa de Guri; posteriormente dedicó la mayor parte de su vida profesional a proyectos hidroeléctricos en posiciones de creciente responsabilidad y autoridad. A la edad de 30 se convirtió en Ingeniero Residente Jefe en Guri, que era, para el momento, no sólo la mayor planta hidroeléctrica del mundo sino que tenía una capacidad instalada equivalente a diez veces la de una típica planta termoeléctrica, a base de carbón, operando en el Reino Unido.

En los años ’80 comenzó una larga asociación con grandes empresas norteamericanas, inicialmente con la empresa constructora Atkinson y luego con grandes consultoras internacionales como Harza (posteriormente MWH). Ello exigió muchos viajes de negocios a los Estados Unidos y posteriormente llevó a extensos periodos de residencia en Pakistán, Islandia y USA, supervisando proyectos hidroeléctricos de clase mundial, técnica y ambientalmente muy exigentes. Trabajó en Pakistán por 5 años como Ingeniero Residente Jefe en la Represa Ghazi Barotha seguidos de dos años en el contrastante y retador embalse Karahnjukar, muy alto en el parcialmente helado macizo central de Islandia, como Gerente de Construcción. Era el más alto embalse de superficie de concreto relleno de roca de Europa, lo que exigió un único y complejo diseño. Después de un período de un año en un proyecto de tres embalses en el río Ohio en USA, regresó a Pakistán por otros seis años.

Más importante aún, fue Gerente durante tres años del Proyecto Hidroeléctrico New Bong Escape en Kashmir, financiado por el Asian Development Bank. Como resultado de las extraordinarias competencias de Henrique como técnico y gerente, el proyecto fue completado tres meses antes de lo previsto, dentro del presupuesto y con una capacidad de generación de aproximadamente 10% mayor al diseño. Esto hubiese significado un logro mayor en cualquier parte del mundo, pero más aún en una región conocida por los atrasos y sobrecostos presupuestarios. Trabajaba en el proyecto Hidroeléctrico Tarbela 4th Extensión, financiado por el Banco Mundial, cuando falleció de manera imprevista, justo antes de su cumpleaños 73, sin haber pensado nunca en el retiro.

Como ingeniero, no se limitó a su especialidad en la construcción de enormes represas; era muy curioso y competente en otras disciplinas. Con su hermano Simón, trabajaba en el diseño de un motor automotriz ahorrador de energía, el cual recibió dos patentes y está actualmente en fase de pruebas. Ellos disfrutaron enormemente trabajando juntos, pensando, diseñando, descubriendo, probando, escribiendo las patentes y, finalmente, viajando a Detroit para presentar el proyecto en un evento enorme.

Henrique fue un gran ser humano, amante esposo, padre y abuelo. Como amigo, fue leal, afectuoso, cálido y divertido. Tenía un chiste para cada ocasión y era capaz de mantenerte riendo por horas con sus bromas. También tenía el tipo de humor inglés para hacer comentarios divertidos basados en el doble sentido de las palabras. ¡ Nunca perdió una oportunidad !

Mientras vivía en Sheffield conoció a su futura esposa Patricia Rowland, se casaron en Caracas en 1967. Tuvieron tres hijos. Henrique Alejandro (Henrique Alex) quien casó con Yomaira Torres y le dio una nieta, Valeria. La hija, Michelle, casó con David Foeller y tuvo gemelos, Luke y Charles. El menor, Andrés (Andrew) le dio dos nietos, Rita y Erik, con Szilvia Pietraskó. Henrique fue un padre maravilloso, listo siempre para apoyar a sus hijos de cualquier manera, y fue un abuelo cariñoso y juguetón.

Desde el interior venezolano en Guri hasta el pié de montaña himalayo en Pakistán, Pat siempre lo acompañó. Con residencias en Caracas y Florida, un hijo en el Reino Unido, una hija y otro hijo en los Estados Unidos, sus escasas vacaciones significaban largos periplos aéreos. Tanto Henrique como Pat amaban el juego de golf donde sea que estuvieran y ganaron muchos premios mientras hacían amigos para toda la vida, particularmente en los clubes Valle Arriba e Izcaragua. Gracias a Pat, Henrique pudo disfrutar sus amadas arepas en cualquier parte el mundo, las cuales preparaba “extra delgadas” de acuerdo con sus especificaciones.

Como colega en el trabajo y como gerente, compartió sus conocimientos y experiencias con generosidad. Fue un maestro nato y disfrutaba ayudando a los ingenieros jóvenes a crecer profesionalmente y a comprender los procesos en profundidad. Realizó esfuerzos gigantescos por encontrar modos efectivos para transmitir sus conocimientos. Su cuñado, David Garford, esposo de María, decía que Henrique era la única persona capaz de lograr que el concreto “sonara sexy”.

Henrique será extrañado por todos aquellos que entraron en contacto con él, particularmente su amante esposa y compañera de vida, Pat, sus hijos y nietos, su madre, quien se aproxima a los 100 años, al igual que su tía Elena, sus hermanas y hermano, Carlota, María y Simón (Graciela falleció en los años ’80 y ahora lo acompaña en el cielo). Todos sus sobrinos y sobinas lo recordarán también con amor.

Sus descendientes harán todo lo posible por honrar su memoria con hechos, sus colegas emularán su sabiduría y buen juicio, y habrá muchos jóvenes ingenieros que seguirán sus pasos suministrando electricidad libre de carbón a todo el mundo.